Hacer mermelada casera es una de esas pequeñas cosas que cambian por completo el sabor de un desayuno. Si además tienes higos del huerto, el resultado es simplemente espectacular.
Cuando se tiene un terreno y árboles frutales, tarde o temprano toca lidiar con el excedente de cosecha. Porque sí, porque por mucho que comas fruta y la regales, siempre llega un momento en el que te encuentras con producto que da pena abandonar en el árbol y dejarlo perder.
En el campo conservamos algunos frutales adultos de los que plantó mi padre cuando yo era pequeña. Entre ellos, dos higueras: una de higo verde (verdal) y otra de higo negro, o como se dice por aquí, “de brevas”.
Reconozco que el primer año que volvimos a vivir en el campo comí algunos higos, pero la gran mayoría se quedó en el árbol… y después acabó en la compostera. Al año siguiente decidí aprovecharlos al máximo. Y como la cantidad era importante, la solución fue clara: empezar a hacer mermeladas.
Ha habido días en los que he llegado a coger más de 5 kilos de brevas en una sola tarde… y a los dos días, más. Y así durante semanas. Entre las dos higueras empiezo a coger fruta a mediados de julio y estoy hasta casi finales de septiembre.
Como es imposible comérselo todo, hacer mermelada se convirtió en la forma perfecta de seguir disfrutando de los higos durante el resto del año. Ha habido temporadas en los que he perdido la cuenta de todos los botes que he hecho. Y claro, entre la familia… los botes vuelan.
Con el tiempo, y después de hacer mucha cantidad, he ido ajustando la receta y probando distintas versiones. A día de hoy tengo dos: una tradicional con azúcar (como toda la vida), y otra versión más saludable, sin azúcar añadido.
Consejos para hacer una buena mermelada
Con los años he ido probando a hacer mermelada con distintos tipos de fruta: higos, melocotón, fresas, arándanos, frutos rojos… Algunas veces directamente del huerto, como los higos, y otras comprando fruta en la verdulería de confianza. Últimamente incluso utilizo fruta congelada del supermercado, sobre todo frutos rojos, y el resultado es sorprendentemente bueno.
También he hecho algún experimento con manzana Golden. El sabor no estaba mal, pero la textura se quedaba más en una compota que en una mermelada, así que no terminó de convencerme.
Y es que, no hace falta tener un huerto ni grandes cantidades de fruta para hacer mermelada. Puedes comprar fruta y preparar unos pocos tarros para consumir en casa tranquilamente. Eso sí, hay algunos puntos importantes que conviene tener en cuenta que marcan la diferencia:
1. Elegir bien la fruta. Lo ideal es que esté en su punto justo de maduración, ni muy verde ni demasiado pasada. También es importante lavarla bien, sobre todo si se utiliza con piel, y desechar cualquier parte dañada que pueda estropear la preparación.
2. El azúcar. No solo endulza, también actúa como conservante. En mis primeras mermeladas seguía la proporción clásica, unos 50 gramos de azúcar por cada 100 gramos de fruta troceada y limpia, pero para mi gusto quedaban demasiado dulces, especialmente las de higo.
Con el tiempo fui ajustando cantidades hasta encontrar un equilibrio que me funciona muy bien: unos 30 gramos de azúcar por cada 100 gramos de fruta troceada y limpia. De esta forma la mermelada no resulta tan empalagosa, pero sigue teniendo suficiente azúcar como para conservarse unos días sin problema.
Se puede usar tanto azúcar blanco como moreno, e incluso hay azúcares especiales para mermeladas. Yo suelo utilizar azúcar blanco, simplemente por costumbre.
3. El limón también juega un papel importante. Además de ayudar a la conservación, aporta acidez y equilibra el sabor, sobre todo en frutas más dulces.
4. Cuando la mermelada está caliente siempre parece más líquida de lo que realmente es. Conforme se enfría, va espesando. Es muy importante que siempre tengas esto en cuenta para no seguir cociendo innecesariamente y terminar quemando o estropeando la preparación.
5. Si la idea es conservar la mermelada durante más tiempo, es fundamental utilizar tarros bien esterilizados y hacer el vacío correctamente. De lo contrario, por muy bien que haya salido la receta, no se conservará como debería.
Cómo hacer mermelada casera tradicional
Ingredientes (receta clasica):
- 1 kg de fruta (troceada y limpia)
- 300 g de azúcar
- Zumo de un limón
Preparación:
El proceso es muy simple.
- Lavar y cortar la fruta en trozos pequeños.
- Colocar en una cazuela (mejor alta, porque al cocer la mezcla sube bastante).
- Añadir el azúcar y el limón.
- Cocinar a fuego medio-lento, removiendo de vez en cuando con una espátula a la vez que se va troceando los trozos de fruta. Cocer hasta que la mezcla pierde el exceso de agua y adquiere una textura espesa.
Una vez terminado de cocer, si la mermelada te gusta más fina o “sin tropezones”, puedes darle un toque de batidora al final.
Cuando la haces varias veces, le coges el punto sin necesidad de medir tiempos exactos. Es más cuestión de observar la textura que de seguir una receta al milímetro.
Con Thermomix o robot de cocina.
Si tienes Thermomix o un robot de cocina similar, el proceso es todavía más cómodo. La ventaja es que no tienes que estar pendiente de remover, porque la máquina lo hace por ti.
Simplemente introduces todos los ingredientes en el vaso y programas unos 20 minutos a temperatura varoma, velocidad 2. Si al final ves que queda algo líquida, puedes añadir 5 minutos más, con la misma temperatura y velocidad.
Al igual que antes, si te gusta una textura más fina o sin tropezones, puedes triturar durante 3-4 segundos a velocidad 5-6.
Mermelada saludable sin azúcar
La versión sin azúcar es incluso más sencilla, porque básicamente consiste en eliminar el azúcar de la ecuación.
Se hace exactamente igual: fruta y limón, cocinados hasta que la mezcla reduce.
Eso sí, hay que tener en cuenta dos cosas.
La primera es que la conservación cambia: al no llevar azúcar, la mermelada aguanta menos tiempo. En la nevera puede durar unos 10-12 días, por lo que conviene hacer menos cantidad o usar tarros pequeños.
La segunda es el sabor. Dependiendo de la fruta, puede quedar un poco ácida. Yo a veces lo corrijo con una pequeña cantidad de estevia natural, pero muy poca (aproximadamente un poco más de media cucharadita de café para unos 500 ml).
También suele quedar algo menos espesa que la versión tradicional, aunque eso depende mucho del tipo de fruta.

Diferencias entre ambas versiones
La diferencia más evidente es el dulzor, claro, pero no es la única. La mermelada con azúcar tiene una textura más densa y una mayor duración. La versión sin azúcar es más ligera, menos empalagosa y más natural en sabor, pero también más delicada en conservación.
Aun así, consumir una mermelada hecha en casa, sabiendo exactamente lo que lleva… cambia bastante la cosa.
Eso sí, aunque no lleve azúcar añadido, no significa que se pueda comer sin medida. Al final, es fruta concentrada. Una cucharada de esta mermelada puede equivaler perfectamente a una pieza de fruta natural.
Conservación y envasado
Si quieres conservar la mermelada durante meses, es importante hacerlo bien.
Lo primero es lavar y esterilizar los tarros. Puedes hacerlo hirviéndolos en agua durante unos 10-15 minutos. En esta fase yo uso un esterilizador de biberones para microondas. En unos 5-6 minutos están listos.
Una vez esterilizados, se rellenan con la mermelada caliente, dejando 1-2 cm libres en la parte superior. Es importante limpiar bien el borde del bote antes de cerrar.
Para hacer el vacío, introduce los tarros en una olla con agua hirviendo. El agua tiene que cubrir completamente los botes. Hierve durante 20-25 minutos.
Para un sellado perfecto, una vez los saques de la olla, deja enfriar los botes boca abajo. Una vez fríos, ya se pueden guardar en la despensa.
Ideas para usar la mermelada
En casa la forma más habitual de consumirla es en tostadas, acompañada de queso cottage o queso batido. También la utilizo con yogur o kéfir, a veces sola y otras con granola o semillas de chía.
En alguna ocasión la he usado como cobertura en tartas de queso que he llevado a reuniones familiares o de amigos. Y cuando he dicho que no lleva azúcar añadido, la reacción suele ser de sorpresa.
Con el tiempo he simplificado bastante. Solo hago la versión con azúcar si es para regalar. Cuando la hago para casa, aunque sea para conservar en botes de cristal, la hago sin azúcar, pero usando tarritos más pequeños. La mayor parte de las veces, hago la cantidad justa para unos pocos días. La guardo directamente en un bote hermético de unos 500 ml y listo.
Anímate a probar. No necesitas tener un gran huerto para hacer mermelada casera. Puedes utilizar fruta fresca o incluso congelada. Las bolsas de frutos rojos del supermercado funcionan muy bien. La de fresa es adictiva. Ahí lo dejo 😄
Al final, más allá de la receta, lo bonito es el proceso: recoger la fruta, cocinarla despacio y disfrutar después de algo hecho en casa. Para mí, no hay nada que se le compare.
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