Mira que me gusta Juan Gómez-Jurado. Y mira que tenía ganas de leer este libro cuando lo vi anunciado. Pero al final (y me da penica decirlo) no me ha terminado de convencer. No porque sea un mal libro, al contrario, sino porque me esperaba otra cosa.

En mayor o menor medida, este autor siempre consigue engancharme a sus historias. Tiene esa capacidad de arrastrarme dentro de la trama y hacerme leer compulsivamente. Por eso, en cuanto se publicó Mentira, me hice con él y lo empecé enseguida. Además, acababa de terminar de leer La leyenda del ladrón, que para mí sigue siendo una de las novelas más increíbles que ha escrito, así que probablemente las expectativas estaban muy altas.

La sinopsis contaba poco y fui bastante a ciegas, lo cual me gusta. Pero cuando empecé a leer pensaba que la historia iba a ir por otro camino.

«Mi trabajo es mentir, pero contigo no voy a hacerlo…»

Así comienza Mentira, pocas novelas arrancan con una declaración de intenciones tan poderosa, y desde esa primera frase deja claro que aquí el juego no va solo de suspense, sino de percepción, manipulación y verdad.

Acostumbrados a un autor asociado a thrillers de ritmo feroz, persecuciones y tensión constante, esta vez el foco se desplaza hacia un territorio más introspectivo y psicológico. La gran pregunta no es quién miente, sino qué ocurre cuando toda la historia depende de una voz que admite desde el inicio que no debemos creerla del todo.

La narradora, a quien conoceremos como Eva Ramos (aunque ese nombre sea solo una máscara), es un personaje construido sobre el artificio. Su trabajo consiste en mentir, adoptar identidades, manipular situaciones y explotar debilidades ajenas. No solo engaña: interpreta, fabrica realidades.

La mentira es, probablemente, uno de los grandes atractivos de la novela. Pero para mí esa idea prometía más de lo que luego se termina desarrollando. No me ha convencido del todo la gran tesis sobre la mentira que parece sostener la novela, ni he visto tan poderosa como prometía esa supuesta habilidad extraordinaria de Eva para manipular a cualquiera.

La novela arranca con un ritmo frenético, pero no sé si fue la forma de contarlo, cierta sensación de repetición o que no terminaba de empatizar con la protagonista… que no reconocía al Gómez-Jurado que esperaba encontrar.

Cuando la trama lleva a Eva y a su hermano a Somiedo, una aldea remota aislada por una tormenta de nieve, de pronto la historia gira hacia otra cosa y, aunque seguí leyendo con interés en muchos capítulos, había otros que se me hacían un poco bola. Y eso me sorprendió mucho porque no me había pasado antes con este autor. Me costaba encontrar en sus páginas a ese Juan de La leyenda del ladrón. Lo encontraba a ratos, sobre todo cuando la novela se adentra en la historia de Somiedo y sus vecinos… pero de pronto lo volvía a perder. No pretendo que todos los libros de Juan tengan que parecerse a la trilogía de Reina Roja, ni mucho menos, pero con este libro he hechado en falta ese carisma que sí estaba presente en sus otras obras.

La parte central me ha parecido excesivamente larga. He de reconocer que en ocasiones se me hacía un poco eterno. Hubo momentos en los que tuve la sensación de que la historia se detenía demasiado y de que le faltaba tensión. Flashbacks, introspecciones, reflexiones reiteradas sobre la mentira, metáforas constantes… A veces sentía que el autor se detenía demasiado en detalles o descripciones que, para mí, no eran necesarios. También las referencias constantes a películas antiguas, que al principio pueden tener su gracia o aportar un tono particular, acabaron resultándome algo pesadas. Y no puedo dejar de mencionar la palabra “sesgo”, repetida hasta la saciedad (si bebiéramos un chupito cada vez que aparece en la novela, no llegaríamos sobrios al desenlace).

También he sentido cierta redundancia en la protagonista, que insiste constantemente en determinadas sensaciones: el dolor de la pierna, el frío, su hermano… hasta hacerse por momentos bastante cansina. Llegué al punto de plantearme si seguir o dejar el libro… Porque no me gusta dejarme los libros a medias, pero tengo que reconocer que me he obligado a terminarlo.

Como he dicho antes, no he visto tan poderosa la idea de la mentira como gran fondo de la novela. Entiendo lo que mueve al pueblo y a sus habitantes, y entiendo la intención del autor con Eva y sus reglas, con esa supuesta habilidad extraordinaria para mentir y manipular… sinceramente, no me convence.

Quizá mi problema ha sido esperar demasiado, que me ha terminado decepcionando.

Pero no pasa nada. Un autor no puede publicar siempre obras maestras o best sellers redondos. Puede tener novelas buenísimas y otras menos logradas, y también ahí está la gracia de leer a un autor completo: descubrir cuáles son para ti sus mejores libros.

Que a mí esta novela no me haya convencido no significa que para otra persona no pueda ser una gran lectura. De hecho, estoy segura de que habrá lectores que conecten mucho con ella.

Y no me gusta hablar mal de un libro, sobre todo porque sé el enorme trabajo que hay detrás, tanto del autor como de toda la gente que hace posible que ese libro llegue finalmente a nuestras manos. Así que espero que estas palabras no se entiendan como una crítica negativa, porque no lo son. Nunca os diría que no lo leáis. Solo diría que, para mí, no está entre las mejores novelas de Gómez-Jurado.

Y también os digo una cosa: sin ser su mejor obra, la próxima que publique la leeré seguro. Sin ninguna duda.

Si te apetece leerla, puedes encontrarla aquí en formato físico (tapa dura)* y también en versión digital (kindle)*.

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